Islandia (casi) cien por cien sostenible

Rosa de los vientos

En Islandia, tu nombre es tu identidad, tu apellido es “solo” el nombre de tu padre; puedes buscar todos tus antepasados hasta 800 años atrás a un golpe de clic en Internet; la gente se divierte hasta altas horas de la madrugada, pero los locales cierran escalonadamente para que todo el mundo encuentre taxi… En Islandia, el 80% del consumo energético procede de fuentes renovables, pero están preocupados en cómo llegar al 100% de sostenibilidad en menos de 10 años: aunque están en bancarrota, encuentran fondos suficientes para incentivar la sostenibilidad.

Para encontrar los fondos (y la voluntad política) suficientes para echar a andar, saben que hace falta sumar muchas fuerzas en el empeño. En un evento celebrado en Reikiavik hace unas semanas (www.drivingsustainability.org) se reunieron cerca de 200 representantes de empresas energéticas, fabricantes de coches (eléctricos y de recursos fósiles), Gobiernos nacionales, la agencia nórdica de desarrollo energético, representantes de la Unión Europea, universidades, consultores, ingenieros, periodistas, pymes y emprendedores de tres continentes. El reto, diseñar la sostenibilidad total en un caso concreto: coches eléctricos como vertebradores de la ciudad ecológica. El campo de batalla parece centrarse en las diferentes tecnologías para las baterías aunque los visionarios del hidrógeno insisten en su apuesta.

Todos coinciden en que se acerca el momento de madurez de la tecnología: los híbridos que se lanzarán en 2011 tendrán autonomía suficiente para el 90% de nuestras necesidades (trayectos de menos de 50 kilómetros) con solo la carga nocturna con adaptadores estandarizados. En todos los países avanzados se trabaja ya en soluciones para esta nueva tecnología. En España, la eléctrica Endesa participa en el proyecto más ambicioso de estandarización de adaptadores rápidos (www.chademo.com).

Son dos los elementos que faltan por alinear: el liderazgo y la financiación. Para ambos, va a ser clave que sigan con el modelo colaborativo: partenariados público-privados que encuentren el mix de financiación óptimo. La oferta financiera privada y los incentivos públicos van a ser claves en la adaptación de infraestructuras y la evolución de hábitos sociales inherentes a todo cambio de paradigma. Hay ya decenas de ejemplos de que esta es la forma más viable de abordar una revolución tecnológica de esta magnitud.

Una iniciativa europea, el proyecto SMART (www.smartransport.eu) ayuda a pymes europeas (en España con el apoyo del CDTI) a encontrar socios y financiación para sus innovaciones en el transporte por carretera. Los islandeses han sido los primeros en beneficiarse de este programa y una docena de proyectos de pymes han identificado ya subvenciones de la Unión Europea y de los países nórdicos. Media docena de emprendedores están en conversaciones con inversores para la captación de capital riesgo.

Que los islandeses sean pioneros en esta gran transformación no es casualidad. Autoconfianza, respeto por los ancestros, optimismo, convivencia modélica, apasionamiento y compromiso son sus señas de identidad como pueblo. Tienen una enorme capacidad de motivarse en sus proyectos, de involucrar a los demás y de sumar fuerzas. Se sienten tan reconfirmados por su pasado de vikingos asambleístas milenarios que viven el presente inmediato a corto plazo como su base de éxito para el futuro.

Mientras, en España, según Eurostat, generamos ya casi un 40% de nuestro consumo a través de fuentes renovables. Tenemos la tecnología, las ayudas, las infraestructuras básicas y hasta producimos coches. Tenemos ciudades que necesitan soluciones inminentes. Todo a favor para lanzarnos en un proyecto tan tremendamente ambicioso como este. Quizá nos falte solo un poco del talante islandés y una buena colaboración público-privada.

¿Nos disfrazamos de vikingos?

This article was originally published in the printed edition of El País on Sunday, October 17th, 2010.